Dolores.

Sé muchas cosas… pero todavía no sé, que hacer con el dolor.

Aún me inunda, me ahoga, me desarma y me tiene de alumna.

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Dentro.

Miras al cielo, como esperando una respuesta a toda la incertidumbre.

Cerras los ojos, como esperando una señal porque ya no sabes que hacer o cómo continuar.

Respiras lento, como intentando contener la bomba de emociones que tenés en el pecho y ya están en tu garganta.

Abrís los ojos, como dándote cuenta, que todo depende sólo de vos, no hay respuestas ni señales que no estén dentro tuyo.

Detalles.

Hacemos juntos de una casa, un hogar. De paredes simples, un espacio para amar.
En cada abrazo se siente esa verdad, la que nadie más te da.
Y qué, si sos único? Y qué, si lo somos?
Sigamos juntos, sigamos jugando a probar. Que así pasa el tiempo, el más bonito, estando con vos en éste lugar.
Disfrutando de detalles, que nunca pude apreciar.

Gratitud.

Somos marcas en la piel del sol y la arena.
Lo que queda en el fondo del vaso, de cerveza caliente.
Las dos secas que le faltaban a ese cigarro, que asqueado apagaste.
Somos también, todos los cielos que pudimos ver realmente.
Junto a las sonrisas acompañadas de dolor de panza.
Somos esa lágrima en el silencio, en soledad.
Y también esas palabras que tuvimos que callar.
Las veces que caíste y también las veces que te levantaste.
El miedo a la incertidumbre, a la vida misma.
Los mimos a los gatos de la calle.
Y las ganas de helado en la madrugada.
Somos, un poco de allá y otro poquito de acá.
La medida justa a veces, tanto para otros, como para nosotros.

Estamos llenos de momentos, pero vacíos de gratitud.

Somos.

Un vos y yo,
dentro de un corazón.
Una canción de amor
y tu sonrisa de costado,
medio picaron.
Tomarnos de la mano
en medio del chaparrón,
sin dejarnos separar
por todo el bajón.
Esto es lo que somos,
vos y yo,
en el camino del amor
con algún que otro apagón.
Los dedos entrelazados,
mirando el techo
sobre el colchón.
Imaginando días lejanos,
fumando y riéndonos.
A veces agradezco
y a veces no,
porque todos dudamos,
de vez en cuando, corazón.
Pero al fin y al cabo
acá estoy,
esperando tu abrazo,
que es el mejor.

Sin pausa.

Me gustaría poder llegar a verte vivo, prendido fuego de emociones, baldeando esos rincones, llenos de cosas grises. Que puedas tener matices, o la carta de colores que vos quieras, pero siendo las cosas a tu manera.
Que una marea de vida te de vueltas y vueltas, y como por arte de magia, de pronto te despiertas. Más liviano de dolor, más lleno de voz, ya sin pausa en tu cabeza.